• Un espacio de arte independiente • Un proyecto de autogestión en el que creamos y producimos música, literatura, imagen y comunicación •

Actualizado al 01/08/08 en : Una sensación demasido literaria para un blog pero va. (Aballay)

Nadar

Nadar me haría bien, sería lo verdaderamente confortable, estoy mucho más cerca de llegar que cuando partí, así que concluyo que nadar me haría bien. Es maravillosa la gravedad de los sonidos bajo el agua, por ejemplo, un “¡a comeer!” mientras desde la superficie ingresa una luminosidad ondulante y brillante. Y cada poro de la piel se encuentra acariciado por el agua. No es necesario el cloro, las paredes celestes de una pileta confortable ni césped recién cortado al salir, sólo el agua. Los cristales brillantes de algún mineral extraño flotando en lo plateado y turbio de un río de montaña sería bueno igual, con frío y sol como es allá en las alturas. Con mis amigos, en un lejano viaje, metíamos las manos en el agua entre las truchas que se veían claramente desde afuera y apretábamos los dientes por el frío intenso. Dolía pero era placentero. Al salir del agua no espero gran cosa, sólo saber que todo continúa ahí, que me fui por un momento para sentir quién era, sentir el cuerpo, el pelo y los ojos. Nadar me haría bien. Hasta puede ser algo deportivo, como unas olimpiadas o trágico como un naufragio, pero estoy seguro que al salir del agua y tomar la primera bocanada de aire me sentiría como nuevo. Algo así como nacer nuevamente. Mi pie se apoyaría firmemente en la orilla, pasto, cemento o lo que sea, pero firme.

Actualizado al 15/06/08 en : Una visión acerca de los medios y algunas cosas más. (Aballay)

Primeras planas

No debería temerles porque ya hubo suficiente miedo y dolor, pero les temo. Me cago bien cagado en ustedes, pero les temo. Noticieros, primicias, realidad, preocupación por la gente, filmaciones espectaculares o caseras, frases a lo Corín Tellado y un dolor profundo que queda después de cada semana. No ha sucedido nada y todo a la vez, pero jamás volveremos a saber qué es lo que realmente pasó. Qué es lo que se arma detrás de cada velo, cada cortina misteriosa, cada llamada de último momento o cada interés satisfecho. Probablemente no vas a entenderlo hasta que todo haya sucedido y los guisos estén cocinados. Sucede desde hace mucho tiempo. Tanto que podrían describirse innumerables mundos con diferentes ópticas y realidades. La verdad no es más que lo sucedido y los hechos no tienen opinión. Eventos. Mi padre murió cuando yo estaba lejos, a mil cien kilómetros de distancia, a sólo una hora cuarenta y cinco en avión, a 15 horas en colectivo (de noche y llorando) a días y días en carreta y mucho más a pie. Mi madre tituló el hecho de una manera en su cabeza, armó su trauma y se protegió como pudo. Mi hermana lloro abrazada a mí y seguramente vivió un momento diferente. Yo aún no sé bien qué pensaba mientras lloraba como un niño. Ningún medio tituló el evento de ninguna forma porque no fue importante para miles de personas. No tuvo obituarios y muy bien no sé en dónde localizar la tumba en aquel cementerio lejano de Guaymallén. Tan lejano. Pero aún me dan ganas de llorar cuando pienso en ese día. Estamos viviendo cadenas de sucesos. Nadie jamás podrá reflejar la globalidad, el todo. Sólo una porción pequeña interpretada por cada uno y por lo que sentía en ese preciso momento.
En un cumpleaños, más o menos a mis 8 años, llegó la hora de repartir la torta, los globos y los presentes. La fiesta llegaba a su fin. Cada niño estaba interesado en diferentes cosas, algunos en el tamaño de la porción que le tocaba a él, otros preocupados por la porción que le tocaba a los demás, otros no pensaban en ninguna de esas cosas sino en determinados detalles de esa casa desconocida. Yo por desgracia me había caído a una acequia en la vereda y tenía mojadas mis zapatillas. La madre del agasajado me prestó unos “botines Sacachispas” hasta que las mías se secaran. Y mientras repartían la torta y los presentes yo miraba maravillado cómo quedaban los “botines sacachispas” en mis pies porque sabía que difícilmente los pueda volver a tener. Estoy seguro ahora que no debería temerles porque tengo pocas cosas que perder, pero aún les temo. Siempre es bueno reconocer con anticipación a nuestros enemigos. Puede llegar a salvarnos la vida.

Actualizado al 15/06/08 en : Una visión acerca de los inicios de la historia (Aballay)

De por qué creo en el arte

De la época de las cavernas tenemos pocas cosas en claro, entre ellas, que manejaban el fuego para muchas cosas, fundamentalmente para la comida y para ver de noche, vivían en esas cavernas donde descansaban y se reproducían después de las difíciles jornadas para conseguir el alimento, allí fabricaban sus utensilios y resolvían los problemas de relación entre todos con los primeros palotes de cómo interactuar entre gente. De esa época sólo quedan algunos utensilios, las tumbas adornadas con pétalos y por supuesto el arte en las paredes contando como sentían su vida en esa época.